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Ficha de Ban

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Ficha de Ban

Mensaje por Ban S. Haël el Lun Ago 20, 2018 11:22 pm



Ban S. Haël
La soledad también puede ser una gran compañera


Datos Básicos:
Nombre completo:
Ban Séptimus Haël
Edad:  
1257 años / 35 años
Raza:  
Demonio y metamorfomago
Ocupación:  
Profesor de Cuidado Criaturas Mágicas
Orientación Sexual:  
Pansexual

Descripción Psicológica:


The way I really am

Ban es una persona marcada por la tragedia. Desde pequeño aprendió a reconocer sólo las emociones negativas como el miedo, la tristeza y la ira; poco sabe sobre alegría y el amor. Lo cierto es que es alguien de sentimientos profundos, incluso si no es capaz de reconocerlos, y por lo tanto, es un hombre que se encuentra profundamente herido.

Su mente es inestable, oscilando entre momentos de perfecta claridad y habilidad para razonar y otros donde bien podría considerarse que es un ser salvaje reducido al puro instinto característico en cualquier bestia.

Es inteligente, frío y analítico, cualidades propias de la especie según tiene entendido. Calcular los pros y contras de cada situación es algo tan innato para él como respirar. Posee un gusto refinado y modales excepcionales que le vienen de su alta cuna. Por otro lado su sentido del humor es más bien pobre, tirando a nulo, podría ser catalogado como antipático por quienes no se tomen el trabajo de conocerlo realmente.

Posee una personalidad solitaria, le cuesta trabar amistad con quienes le rodean pues en primera instancia los prejuzga de inferiores, y aún superada esa etapa y siendo capaz de reconocerlos como iguales, teme demasiado salir herido nuevamente. A pesar de eso es perfectamente capaz de mantener conversaciones completamente normales sobre temas variados. Conseguir su compañía no significa haber ganado su amistad, pues es extremadamente selectivo.

No cree posible que vaya a encontrar el amor nuevamente. Su corazón está roto y no está dispuesto a obsequiar los trozos ni traicionar el recuerdo de su amada. Por otro lado, tampoco cree que el amor exista realmente. En su vida, considera que hay momentos de enamoramiento, fugaces y pasajeros, que sólo sirven para hundir más en la desdicha a quien sea lo suficientemente ingenuo como para dejarse llevar por tales espejismos.

En el remoto caso de que alguien lograra traspasar todas sus barreras, Ban le conferirá una lealtad absoluta. Jamás le ha dado la espalda a alguien que le importara y no comenzará a hacerlo ahora.

Tiene un sentido de justicia propio, bastante arbitrario y egoísta. Es imposible ocultar que usa una vara para medir a unos y otra muy diferente para medirse a sí mismo. Puede ser clemente, amable y considerado si a su criterio que la persona ante él es digna de respeto, pero si a su criterio esa condición no se cumple, actuará como un ser sádico y sanguinario, completamente inescrupuloso.


Descripción Física:


How I look?

PB: Michael Fassbender

Ban es un metamorfomago, lo cual implica que su aspecto físico puede variar según su voluntad lo dicte. No obstante, normalmente mantiene cierto conjunto de rasgos más o menos estables.

Posee el cabello castaño, ligeramente rizado. Generalmente lo usa con un corte prolijo, pero en ocasiones lo deja crecer un poco más de la cuenta. Tiene ojos claros de color celeste, aunque su mirada, lejos de ser alegre, denota el sufrimiento que lo persigue.

Es un hombre alto que ronda el 1.90 m de altura

De contextura física más bien delgada, nunca se molestó en trabajar su físico con el interés de volver más amplia su espalda o engrosar el diámetro de sus brazos. No obstante, tal vez por su dieta o por su raza, posee cierto grado de tonificación que lo hace agradable a la vista.

Aunque no se estilara en la época, posee un tatuaje en el hombro que consiste simplemente en la letra A, lo tiene como recordatorio de todo lo que pudo tener y todo cuanto perdió, del arrepentimiento por sus crímenes, por el cariño a su amigo y por la vida que deseó compartir junto a Anael.

Cuando no ocupa esa imagen, o no utiliza su habilidad, su apariencia cambia para volverse más similar a la de los demonios mitológicos. Con afilados cuernos a ambos lados de la cabeza y una larga cola que termina en punta de flecha naciendo de la parte inferior de su columna. Sus manos se tornan garras y sus ojos cambian del usual color celeste a un rojo oscuro.

Historia:

That's how everything started...

“Otro crimen quedará sin resolver”

Hace muchos años, demasiados para ser contados, Ban nació. Las sombras que dieron origen a su existencia tenían forma humana, igual que él, pero difícilmente pueda llamarlas “sus padres” como la mayoría de los mortales hace con sus progenitores. Pues apenas fue capaz de subsistir por sus propios medios se independizó de ellos, y esto en los de su tipo sucede a edades muy tempranas. No les recrimina nada en absoluto, pues ellos le enseñaron todo cuanto necesitaba para sobrevivir y le garantizaron comodidades con las que la mayoría de los niños de su tiempo apenas y podían soñar; no obstante, ese sentimiento de unidad que caracteriza a las familias promedio no aplicaba en su caso. La convivencia para ellos era meramente una cuestión de propagar la especie y poco más.

Nacido en la alta cuna de un país de Europa del Este, la aldea en la que fue concebido ardió en llamas poco después de que su primer llanto anunciara la existencia de vida en su interior, el suelo se volvió árido tras haber sido cubierto con la sangre de la mayoría de sus habitantes. Este hecho hizo que se volviera merecedor de rumores y falsas profecías, todas ellas con el hilo central de que él era portador del infortunio y que a donde fuera la muerte y la desolación lo seguirían. Tales historias se convirtieron en cuentos que oía y repetía cada noche antes de dormir, hallando en ellos una gran fuente de entretenimiento y recreación. No creía en esas cosas, las habladurías de la plebe siempre serían palabras vacías, carentes de peso e importancia. Especialmente porque desde que tuvo uso de la razón supo la verdadera historia detrás de tales falacias. Sabía de primera mano que la destrucción de aquel territorio se debía al ataque de una aldea rival y que poco tenía que ver eso con él.

Sus padres se habían trasladado tras su nacimiento. Jamás permanecían demasiado tiempo en el mismo lugar para no levantar sospechas sobre su peculiar dieta a base de las almas de sus esclavos. Gracias a ese hábito y a un olfato especial para prever las desgracias, supieron que debían abandonar aquel bote antes de que naufragara, y es debido a eso que no se vieron envueltos en tal masacre. Por aquellos tiempos, si los magos vivían organizados en comunidades netamente mágicas, él no lo supo. Lo que él sabía es que eran tiempos difíciles para ser lo que eran. Sus dotes mágicas y su raza de pertenencia les conferían un gran peligro a manos de los fanáticos religiosos, que ansiosos por ver a las personas consumirse en las piras, rara vez se molestaban en controlar no estar quemando a inocentes. Y por Merlín, aunque lo hicieran él acabaría en la hoguera igual. Por eso se mudaban, por eso lo primero que sus padres le enseñaron fue a camuflarse entre los demás.

Durante sus primeros años de vida todo resultó medianamente sencillo. La gente lo respetaba por su status, y dado que su poder aún era joven no solía manifestarse. Sus padres le proveían alimento y se encargaban de mantener las apariencias a su vez. Esos años, los más bellos de cualquier ser vivo donde las preocupaciones más férreas implican matar el aburrimiento son ahora un vago recuerdo, tan lejano como memorable. Más es imposible que lo bueno dure para siempre, y hasta lo eterno ha de encontrar su final a manos del destino, cuando éste disponga que el momento es el indicado. Y Ban estaba por descubrirlo.

Cuando cumplió seis años toda su vida dio un brusco giro, pues las primeras manifestaciones visibles y evidentes comenzaron a aparecer. Mientras los demás niños de su edad cambiaban sus dientes de leche por los definitivos, él sufrió un cambio corporal mucho más llamativo. En su cabeza comenzaron a crecer cuernos y de la parte inferior de su columna un pequeño bulto que daría lugar a una larga cola. Sus uñas crecían en afiladas garras cada vez que las cortaba y su cabello crecía descontroladamente en irregulares mechones. De inmediato su entrenamiento dio inicio, aprendiendo a controlar su apariencia para verse igual que el resto de los niños de su edad. Pero sus esfuerzos no eran suficiente, pues aprender algo tan complicado como eso no es algo que se logre de la noche a la mañana.

Un severo incidente tuvo lugar, cuando mientras paseaba por el mercado se distrajo jugando con un conejo en una de las tiendas. Su apariencia quedó al descubierto, y en su enfado por haber fracaso golpeó al animal que profirió un gran chillido de agonía antes de morir. Todos quienes estaban presentes giraron a verlo, horrorizándose por lo que para él era su naturaleza en su más pura expresión. Una revuelta tuvo lugar esa noche, el castillo en que vivía fue atacado por los aterrados aldeanos. Su padre logró rescatarlo de aquel infierno, pero en el proceso su mano soltó la de su madre a quien jamás volvió a ver. Asumieron que había fallecido, torturada por esas criaturas inferiores que cuando se reunían conformaban un peligro digno de ser tenido en cuenta. Esa noche aprendió que la verdadera crueldad no la simbolizaban los demonios como tanto se afanaban en decir los más puritanos de los humanos, sino que deambulaba libre entre las personas comunes, aquellas que sumidas en la ignorancia se dejaban gobernar por los más primitivos instintos.

Desde ese momento colocó todo su interés en aprender a pasar inadvertido entre los humanos. Las lecciones de su padre eran duras, pero le sirvieron. Aprendió así a controlar las manifestaciones mágicas y dominar su apariencia a su voluntad. Por supuesto que no jugaba con ésta última. Sino que procuraba mantener un aspecto más o menos estable, algo común que no levantara sospechas.

En sus viajes junto a su progenitor conoció gran parte del país en que vivían. Estudió y entrenó arduamente para ser un digno representante de los suyos, un mago audaz y cumplir con los estándares para un hombre de su categoría. Y al cumplir los doce años se independizó de su padre, marchando cada uno en una dirección opuesta. Jamás volvió a verlo, aunque unos doscientos años más tarde supo que su padre se habría reunido con su madre en el descanso eterno tras una contienda con una manda de licántropos. Nada demasiado interesante o remarcable a pesar de todo cuanto habían compartido.

Estando libre de hacer lo que le placiera, y con absoluta carencia de amigos o seres cercanos que limitaran su accionar, decidió continuar viajando. Recorría reinos y pueblos, viajando cada vez que tenía oportunidad y sin jamás permanecer más de un par de meses en la misma región. Su título nobiliario le abría las puertas de la mayoría de los pueblos, y el dinero heredado por sus progenitores le permitía comprar las llaves de las demás. Pronto se mostró interesado por el arte, las esculturas eran algo que le fascinaban aunque no fue bendecido con el talento suficiente para producirlas. Podía pasar horas admirando las estatuas, preguntándose si éstas eran capaces de verlo a él también. La arquitectura era otra expresión artística que cautivaba sus sentidos, descubriéndose a sí mismo en irónica algarabía, visitando iglesias y templos con el objetivo de admirar la forma de los edificios. La ciencia tampoco le fue indiferente, especialmente la alquimia en la cual demostró un gran interés. Aunque poco después acabó por abandonarla al frustrarse por la completa falta de resultados que sus propias investigaciones le brindaron.  

Durante años vagó por el mundo sin rumbo alguno más que el que sus propios deseos improvisaban a cada paso. Disfrutó de la compañía de brillantes mentes y hermosas personas, probó el más dulce de los vinos y comió la más jugosa de las carnes; y no obstante, un vacío cada vez mayor crecía en su interior adueñándose de todos sus sentidos. Los colores de las flores pronto le parecieron pálidos y apagados, las melodías se volvían lentas y taciturnas, y así descubrió que en tanto no tuviera un propósito para existir, no existiría en realidad. ¿Qué era de un ser carente de anhelo? Un proyectil sin objetivo jamás daría en el blanco.

“Ya no se que hacer conmigo”
Años oscuros se apoderaron de su existencia una vez fue consciente de su completa carencia de una motivación definida. Su apetito de saber científico lo había convencido de que la única forma de hallar su verdadero motivo para existir era mediante la prueba y el error, y bajo esa premisa probó prácticamente de todo. El arte le fascinaba, pero no poseía talento alguno por lo que quedaba nítidamente descartado. La filosofía le gustaba cual obra artística, pero en su mayoría eran palabras sin sentido para él.

A medida que el tiempo transcurría el vacío en su alma aumentaba. Podía sentir como la flama que alimentaba su vida se consumía por esa ausencia imposible de identificar. Un Sir, un pordiosero, un humano, un mago, un squib, todo resultaba igual para él. Todos aquellos con vidas limitadas, con poco tiempo en este mundo, parecían saber con tanta claridad cual era su propósito en el mundo que comenzó a envidiarlos, a odiarlos incluso. El desprecio colmaba su miraba cada vez que encontraba artesanos, nobles u obreros. Pues todos ellos alimentaban la sospecha de que no había un designio para él, que el libre albedrío que su especie poseía implicaba estar fuera de los delgados hilos con que sonaban los acordes del destino. Ese odio irracional lo llevaba a cometer las mayores atrocidades al momento de cazar, pasando de simplemente alimentarse. Ya no buscaba saciar su apetito, sino que comenzó a encontrar cierto regocijo en destruir por completo a su presa, aniquilando cualquier propósito que le hiciera salir de la cama por las mañanas. Asesinaba familias enteras, mutilaba las manos de los artesanos, incendiaba las casas de los arquitectos, abusaba de las mujeres de los más devotos cristianos y se daba un festín con la carne de las mascotas de los niños. Cualquier bajeza o crueldad era poco para él, pues su humanidad se consumía y poco a poco iba convirtiéndose en una bestia.

Sus viajes se volvían más frecuentes, cada vez a zonas más lejanas, explorando las fronteras de todo cuanto habría conocido y queriendo siempre ir más allá. Se hizo aliado de la oscuridad, recorría los terrenos más lúgubres bajo la impunidad de las tinieblas, yendo siempre hacia el oeste, lejos de lo familiar.

Sucedió en su travesía, un milagro dirían los crédulos a los que tanto despreciaba, un indicio del destino según él, un encuentro inesperado que comenzó a satisfacer una aullante necesidad que agonizaba. Una criatura que, pese a ser una bestia en toda regla, le demostró que aún quedaba algo en él que lo diferenciaba de ese ser. Un ser que le permitió descubrir algo que hasta ahora había permanecido como una incógnita a lo largo de toda su vida: la amistad.

En su camino hacia la costa del Atlántico se topó de manera completamente accidental con un ser de carácter peculiar. De plateado cabello y un encanto natural que cautivó su mirada, con oscuros ojos portadores de una tristeza que hizo eco en su propia desazón, encontró a un igual en aquel demiguise. El animal portaba una severa herida en una de sus patas, que manchaban con rojo su piel y pelaje haciéndole imposible ocultarse de manera eficaz. Claro que ese animal no era de su interés, no era su problema, y no obstante, no fue capaz de darle la espalda. Como si fuera capaz de comprender sus intenciones la criatura aceptó su compañía, volviéndose mucho más que una mascota y enseñándole una importante lección que hacía tiempo había olvidado. Que la naturaleza debía ser respetada. El temperamento del animal era sumamente noble, amable y pacífico, forzándolo a equilibrar el salvajismo en el cual había caído.

Era consciente de que si el animal estaba herido, era porque había cazadores cerca intentando confeccionar una capa de invisibilidad con su piel, y era evidente que no les permitiría lograrlo. Pero contraria a la lógica humana de ocultarse en busca de una falsa seguridad, decidió dirigirse al pueblo más cercano y ser él quien propinara el primer golpe. Los cazadores del demiguise jamás aparecieron, pero allí obtuvo un dato fascinante que le brindó una esperanza como nunca antes había tenido. Existía un lugar al que sólo los magos asistían. Tal vez allí pudiera vivir siendo él mismo, pudiera encontrar lo que jamás había pensado en buscar, un sitio donde no debiera ocultarse y donde pudiera instalarse. Para su decepción pronto descubrió que ese lugar era un colegio y que para asistir allí tendría que volverse profesor de alguna asignatura. Pero estando determinado a averiguar si ese sitio era el indicado para él, comenzó a pensar en qué podía llegar a ser bueno.

Juntó tanta información sobre ese lugar como le fue posible, y especialmente, sobre qué clase de personal buscaban. No estaba seguro de por qué se emocionaba al imaginarse en un lugar así, pues su pasado lo alejaba de esa clase de situaciones, y no obstante… su corazón latía con fuerza ahora que tenía un objetivo al cual abocarse. Lamentablemente ninguna de sus aficiones servían para ingresar a ese recinto de saber. El arte y la arquitectura que tanto disfrutaba no eran asignaturas que se brindaran, la alquimia sobre la cual no era ningún experto tampoco. Pero como si se tratara de una epifanía, o si quisiera demostrarle que el destino era real y estaba guiando sus pasos por fin, fue su nuevo amigo quien le brindó una solución. El demiguise. Si había podido cuidarlo, si conseguía protegerlo, ¿por qué no dedicarse a las criaturas? En ellas hallaba mucha más nobleza que en los humanos, eran criaturas que al igual que él, oscilaban en el borroso límite entre ser una bestia y un ser.

Sabía que no podría presentarse en las puertas de un colegio esperando ser contratado mientras se especializaba en la asignatura que quería impartir, por lo que dilatando el momento en que su vida hallara su motivación, continuó sus viajes. Pero esta vez procurando pasar inadvertido, alimentándose sólo cuando la necesidad lo imperaba, y por sobre todo, poniendo toda su atención al hallazgo y aprendizaje de la fauna local. Su silencioso acompañante era de gran ayuda, en su estado de ánimo aprendió a predecir cuando había peligro cerca, y la forma correcta de acercarse a diferentes seres. Un nuevo vínculo se forjó, más improbable aún que su amistad con el plateado mono, y esta vez era con algo mucho más abarcativo, con la naturaleza. De a poco aprendió a apreciar a cada criatura, comprendiendo su encanto singular y el rol que cumplía cada una en el mundo.

Sólo cuando estuvo listo se dirigió a esa profética escuela, en la cual él creía, le aguardaba su destino, Durmstrang. Un sitio de apariencia hostil, que con sólo verlo evidenciaba que la arquitectura no era de su interés. Pero poco le importaba, pues por fin se sentía próximo a encontrarlo: su destino.

“Los buenos mueren”

Consiguió el empleo tras una ardua competencia por el cargo con una dama búlgara. Posiblemente ambiciones similares a las suyas la motivaran a esforzarse por lograrlo, pero no había llegado tan lejos para perder ante una patética mortal. Su demiguise pronto se volvió popular entre los estudiantes, y por efecto rebote, él también. Por lo demás, sus tareas como educador rozaban lo mundano. Añoraba los viajes, las constantes aventuras, pero a la vez ahora tenía una misión que era cultivar las jóvenes mentes. En sus clases podía no sólo inducirlos al respeto hacia los seres con quienes compartían el mundo, sino que también podía ir derrumbando algunos de los arcaicos conceptos que las generaciones arrastraban consigo. Eliminar esas reacciones instintivas que le habían arrebatado la vida a sus padres, las mismas que lo habían llevado a él a cometer las peores crueldades y más desagradables bajezas.

Un año permaneció en ese colegio brindando clases sobre el cuidado y la crianza de las criaturas mágicas, ese plazo se había propuesto persistir allí para averiguar si era realmente lo que quería hacer o continuar su camino en búsqueda de algo que saciara su derruida alma. Pero cuando ese tiempo se cumplió un segundo año lo siguió, y un tercero, y un cuarto. Era complicado, desde luego, reprimir sus más ruines impulsos. Ocasionalmente se ausentaba viajando tan lejos como pudiera para alimentarse donde no pudiera causar daño alguno a sus estudiantes. Pero con el paso del tiempo esto cada vez le resultaba menos problemático. Por primera vez en tanto tiempo que no merecía la pena nombrarlo, no veía a los humanos con desprecio.

Más el destino tenía algo reservado para él, y así como le puso en su camino al demiguise primero, y al colegio Durmstrang después, una tercera intervención del azar puso su vida en jaque. Caminando por fuera del colegio la encontró, una mujer de aspecto desgarbado que caminaba con dificultad por el irregular terreno. Sus miradas se cruzaron brevemente y ella le dedicó una sonrisa insípida que él no se molestó en devolverle. Era patética. Luego descubrió que su nombre era Anael Aker que impartiría Artes Oscuras tras la jubilación del hombre que cubría ese cargo hasta ese momento.

Anael era una mujer torpe, sin gracia ni encanto, a sus ojos al menos. Pero de la cual no podía apartar la mirada. Por motivos que no lograba entender, poco a poco se fue haciendo más cercano a ella, y como esa incapacidad racional de justificar ese magnetismo lo irritaba, empezó a investigarla. Así descubrió el gran corazón que tenía, y lo graciosa que era su mirada cuando se concentraba en algo, el fulgor en su mirada cuando se proponía un objetivo, lo melodiosa que era su risa, lo optimista que podía resultar incluso pese a las peores adversidades, y como siempre parecía cambiar las sillas del comedor y la sala de profesores para terminar sentada junto a él. También se sorprendió al encontrar en ella una fuente inagotable de la más fascinante conversación, una mente aguda y sagaz. Un cabello que si se peinara dejaría ver la hermosura de su rostro, aunque ella estaba demasiado ocupada cultivando su mente como para perder tiempo en las banalidades que las demás damas priorizaban. Pero algo en ella lo enfermaba. Cuando la veía su corazón latía con fuerza como si tuviera palpitaciones, su mente se nublaba y hasta a veces su lengua se enredaba. ¿Acaso sería alérgico a ella? Jamás había pensado que pudiera desarrollar alergia a una mujer.

Esa navidad el colegio organizó una gran celebración, a la cual él no pensaba ir. Más sus planes debieron cambiar cuando le pidieron que ayudara a controlar que los estudiantes se comportaran de manera honorable. Grande fue su sorpresa cuando ella lo invitó a bailar, demostrando no tener ninguna clase de consciencia sobre ética y etiqueta. A fin de no humillarla aún más aceptó. Teniéndola entre sus brazos mientras se mecían al ritmo de aquel vals un nuevo impulso se formó, una sensación de extraña calidez, un ritmo especial en el latido de su corazón. Esa noche bailaron todas las canciones juntos, y para el final de la fiesta supo que jamás volvería a dejarla ir.

Un romance inició entre ambos, avanzaban despacio, pues él ni siquiera sabía que era capaz de experimentar sentimientos de amor como los humanos parecían sentir. Eran discretos, pues en medio de un colegio lleno de adolescentes los rumores se dispararían y no querían poner en riesgo sus empleos. Se reunían a hurtadillas en medio de la noche, se enviaban mensajes secretos en un código que sólo ellos pudieran descifrar, y se amaron lo suficiente para unir sus almas a escondidas del resto del mundo. Él le confesó su pasado y le contó toda su historia, y ella, aunque se conmocionó por la cruda realidad, lo aceptó. Ella encarnó la imagen de una esperanza que jamás había conocido.

Durante tres años vivieron en perfecta paz. Él se alimentaba, pues necesitaba hacerlo, pero lo hacía con el mayor de los cuidados procurando causar el menor daño posible. Cada tarde al finalizar las clases paseaban juntos, platicaban sobre lo que habían hecho en el día y… eran felices. O lo fueron, hasta que comenzó a notar algo extraño y peculiar. El humor de Anael había comenzado a cambiar, parecía enfermar con facilidad y al mismo tiempo manifestaba un apetito brutal. Estaba feliz, se enfadaba y lloraba con excesiva frecuencia, y de inmediato dedujo que la respuesta más lógica era que él era el responsable. Jamás estuvo tan feliz de estar equivocado, pues como ella le contó más tarde, esos cambios se debían a que pronto serían uno más en esa peculiar familia.

Los siguientes meses los vivió al ritmo del embarazo de Anael, oscilando entre la mayor felicidad y ansiedad y el más tétrico de los temores. El bebé podía salir como él, podía repetir sus errores; pero ella siempre lo calmaba devolviéndole la paz. Sin lugar a dudas ese fue el momento de mayor felicidad en la vida de Ban.

Un año después todo era completamente diferente. Había abandonado el colegio y la enseñanza y nuevamente vagaba solo por el mundo, sin nada por ganar ni nada por perder. El embarazo de Anael se había complicado en el último tramo, ya que el bebé creció demasiado en el vientre. Tanta sangre, tanto dolor… Al final ninguno de los dos lo había logrado y sus peores temores se volvieron realidad. Después de eso no podía seguir dando clases, donde todo lo que lo rodeaba le recordaba que había conocido la felicidad y había encontrado su lugar sólo para perderlo. ¿Sus progenitores también habrían sentido algo así el uno por el otro? ¿Era algo que le pasaba a todos los de su tipo o sólo a él por algún tipo de malformación? Como fuera, ya no había nada en ese lugar para él, y sin pensarlo dos veces se marchó para jamás regresar.

“No puedo conseguir cambiar ni corregir lo que me corre en las venas.”

Sin rumbo, en compañía de su fiel amigo el demiguise emprendió un nuevo viaje hacia el oeste donde las temperaturas eran más cálidas y las personas más confiadas. Pero esta vez ni su leal compañero lograba frenar a la bestia que había en su interior. Odiando a los humanos por ser frágiles, odiando a Anael por haberle enseñado la dicha del amor y la amargura de la pérdida, y por sobre todo detestándose a él mismo por ser portador de la muerte a donde fuera al punto de ponerle fin a la vida de su amada. Su alma herida sangraba de forma invisible más que en su comportamiento y a él poco le importaba intentar sanar. No se molestaba por conseguir transporte, sino que caminaba por los caminos más inhóspitos que viajero alguno pudiera imaginar. El dolor en sus pies era el único recordatorio de que aún vivía, eso y el grito de sus presas al darles caza.

Los actos guiados por el odio y el dolor sólo atraen a la desgracia. Lo había leído, lo había oído, y no obstante no fue hasta que lo vivió que esas palabras cobraron sentido para él. Pues si creía que perder a Anael era duro, jamás imaginó lo que sería la completa y absoluta soledad.

Ya sabía él que los demiguise eran deseados por su pelaje, pues con él eran tejidas las capas de invisibilidad. Pero nunca pensó que ese pudiera ser el destino de su amigo. Un grupo de magos comenzó a seguirlo, “merlinianos” se hacían llamar, pero no dejaban de ser una representación de todo cuanto estaba mal en el mundo. Ellos les dieron caza, y aunque luchó con todas sus fuerzas eran demasiados. Ante sus ojos acabaron con la vida de su amigo, no lo vio, pero lo supo. No necesitaba verlos para saber lo que sucedía, lo que le hacían. Para adivinar el dolor de su amigo, para sentirlo en lo más profundo de su alma.

Los malditos, tras haber obtenido lo que deseaban, lo abandonaron allí en medio de la nada. Completamente solo, con el alma totalmente desgarrada, con su cordura perdida. Dominado por el odio y la tristeza, despojado de lo único que le recordaba su humanidad. Ya no tenía nada, y por eso mismo, era más peligroso que nunca.

Los siguió, los persiguió y los asechó. Y uno por uno los humilló de la forma más cruda que su fragmentada mente concibió. Mutilándolos uno por uno, quitándoles la piel mientras aún vivían sólo para que experimentaran el mismo tormento que ellos habían causado. Uno por uno los torturó, pero aún así no era suficiente. Cuanta más sangre corría más grande se volvía su anhelo por hacerlos sufrir. Pero todo terminó. Uno de ellos, cubierto por una capa de invisibilidad se había escondido de su ataque logrando escapar, y cuando él le dio la espalda lo atacó.

Una luz, un grito, sangre y un ligero dolor que recibió con alivio, y la muerte lo reclamó. Quizá así pudiera unirse a todos los que alguna vez le importaron. Tal vez y sólo tal vez, lograra encontrar la paz.

“Campanas en la noche”
Era el año 2024 y era una noche sin luna. Tenía frío y eso era extraño… no se suponía que lo sintiera. No se suponía que sintiera nada, pues estaba muerto. Pero era consciente de sí mismo y de las sombras que lo rodeaban. Abrió los ojos confundido, la cabeza le daba vueltas. Se puso de pie lentamente, el césped sobre el cual se paraba esta húmedo por el rocío de la noche y ante él había una niña de cinco años que irradiaba un intenso poder. Ella le sonrió con tétrica inocencia recibiéndolo de regreso a una vida que él no había pedido. A lo lejos podía oír el repiqueteo de las campanas anunciando que era medianoche.

No comprendía qué era lo que sucedía, pero la niña procedió a ponerlo al corriente, sobre el tiempo que había transcurrido, el motivo por el cual lo había traído de regreso de entre los muertos. Ella le dio un objetivo, le prometió la oportunidad que antes había desperdiciado. Una nueva chance para vengarse, de asegurarse de que la historia que él había vivido no se repitiera jamás. La oportunidad de destruir a todos los merlinianos. Pero ahora sólo necesitaba descubrir dónde se reunían, y con una simple indicación de la niña supo exactamente a dónde debía dirigirse: Hogwarts.

Pronto descubrirían que él era portador del caos, de la muerte y de la destrucción. Pagarían por todo lo que habían hecho. Los destruiría desde adentro.

Después de todo "Para una mente bien preparada... La Muerte es solo la siguiente gran aventura."
Otros Datos:

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Boggart: Anael culpándolo por su muerte

Patronus: Camaleón

Gustos: Las criaturas, el arte, la arquitectura, la ciencia.

Disgustos: Los cazadores furtivos, la ignorancia, la fragilidad humana.

Pasatiempos: Caminar, contemplar obras de arte, leer sobre diversos temas, torturar y mutilar a quienes él cree que lo merecen

Fortalezas: Al ser un demonio posee rasgos sobre humanos, como fortaleza, cierta habilidad regenerativa de capacidad variable según su estado físico en general, e intuición. Es hábil en hechizos ofensivos y posee la habilidad de cambiar su imagen a su voluntad.

Debilidades: Su carácter es inestable corriendo el riesgo de perder su humanidad y convertirse en una bestia. Desconoce la mayoría de los eventos importantes actuales, ya que no tiene información de lo ocurrido desde el momento de su deceso y la actualidad. Sufre cierta dificultad para realizar hechizos defensivos y, siendo una obviedad, necesita la presencia seres humanos para alimentarse.





hecho por Belcebú para Sourcecode


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Ban S. HaëlProf. Hogwarts/ Orden del Fenix/Morgano
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Re: Ficha de Ban

Mensaje por Admin el Mar Ago 21, 2018 12:14 pm

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